Soy Lizbeth Marmolejo, cofundadora y directora general de Property Management 23, y socia de Mérida Living. Desde que terminé mis estudios en Negocios y Relaciones Internacionales, tuve muy claro que quería crear algo propio: un proyecto que uniera mi gusto por los negocios, mi amor por la convivencia social y mi pasión por los viajes. Siempre he creído que las mejores ideas nacen cuando se combinan la curiosidad con la empatía, y precisamente así fue como comenzó mi historia en el mundo del property management y los bienes raíces. A lo largo de mi formación y primeras experiencias profesionales, entendí que el verdadero valor de cualquier proyecto no está únicamente en los números, sino en las personas que lo hacen posible. Me di cuenta de que disfruto profundamente conectar con distintos perfiles, entender sus necesidades y ayudarles a encontrar soluciones que realmente mejoren su calidad de vida. Esta visión fue la base sobre la que decidí construir mi camino profesional. Viajar también ha sido una pieza clave en mi desarrollo. Cada destino me permitió observar nuevas formas de habitar los espacios, diferentes maneras de recibir y hacer sentir bien a los demás, y sobre todo, comprender que una propiedad puede ser mucho más que un inmueble: puede ser una experiencia, un refugio y, en muchos casos, el escenario de momentos importantes en la vida de las personas. Esa sensibilidad por los detalles y por la experiencia del usuario es algo que hoy aplico en cada proyecto que lidero. Con la creación de Property Management 23, busqué materializar esa visión: ofrecer un servicio integral que no solo cuide las propiedades, sino que también eleve la experiencia tanto de los propietarios como de los huéspedes. Mi enfoque siempre ha sido combinar estructura, estrategia y calidez humana, logrando que cada propiedad funcione de manera eficiente sin perder ese toque personal que la hace única. Como socia de Mérida Living, he tenido la oportunidad de involucrarme también en el mundo inmobiliario desde una perspectiva más estratégica, entendiendo el valor de mercado, el potencial de cada propiedad y la importancia de tomar decisiones informadas. Esto me ha permitido complementar mi perfil y ofrecer una visión más completa a quienes confían en nosotros. Hoy, mi objetivo sigue siendo el mismo que al inicio: construir algo con propósito. Un proyecto que crezca de manera sólida, que genere confianza y que, sobre todo, deje una huella positiva en cada cliente, colaborador y propiedad con la que trabajamos.


Después de finalizar la universidad, y junto con mi socio Carlos Betancourt, decidimos emprender y fundar Property Management 23 (PM23). Mérida estaba creciendo con fuerza como destino para vivir e invertir, y notamos una gran necesidad de contar con una empresa bilingüe que entendiera las expectativas tanto de los dueños locales como de los extranjeros que residían en México o tenían propiedades aquí, pero preferían que alguien de confianza se encargara de su administración. En ese momento, identificamos una oportunidad muy clara: profesionalizar un servicio que muchas veces se manejaba de manera informal. Queríamos ofrecer algo distinto, donde la organización, la transparencia y la comunicación fueran pilares fundamentales. Desde el inicio, nuestro enfoque fue crear procesos claros, brindar seguimiento constante y, sobre todo, generar confianza a largo plazo con cada cliente. Con el paso del tiempo, PM23 se consolidó como una empresa sólida, cercana y profesional. Fuimos creciendo no solo en número de propiedades, sino también en experiencia, entendiendo a fondo las necesidades de distintos perfiles de clientes: desde quienes buscan maximizar el rendimiento de su inversión, hasta quienes priorizan el cuidado y mantenimiento impecable de su hogar. Cada caso nos ha permitido aprender, adaptarnos y perfeccionar nuestros servicios. Mi filosofía siempre ha sido que cada propiedad tiene su propia historia y cada cliente merece un acompañamiento personalizado. Creo firmemente que no existen soluciones genéricas en este negocio; cada decisión debe tomarse considerando el contexto, los objetivos y la visión de cada propietario. Esa atención al detalle y ese compromiso con la excelencia son los que han definido nuestra manera de trabajar. Hoy, más allá de administrar propiedades, en PM23 nos enfocamos en crear experiencias, cuidar patrimonios y construir relaciones duraderas basadas en la confianza, la comunicación y los resultados.


Mi papel dentro de la empresa abarca desde la planeación estratégica y la supervisión operativa hasta la comunicación directa con los clientes. Me involucro en la definición de procesos, en la optimización de la operación diaria y en la toma de decisiones que impactan tanto la experiencia del propietario como la del huésped. Disfruto estar presente en cada etapa del proceso, escuchar con atención, entender a fondo cada situación y proponer soluciones que realmente generen valor. Para mí, la mejora constante no es solo un objetivo, sino una práctica diaria. También me gusta mantener un liderazgo cercano y humano. Creo firmemente que una empresa crece cuando su equipo se siente escuchado, valorado y alineado con un propósito común. Procuro fomentar un ambiente de trabajo colaborativo, donde cada persona entienda la importancia de su rol y tenga la confianza de aportar ideas, cuestionar procesos y evolucionar junto con la empresa. Esa cultura interna se refleja directamente en la calidad del servicio que ofrecemos. Dos años después del nacimiento de PM23, Carlos Betancourt y yo sentimos que era el momento de dar un paso más. A lo largo de nuestra experiencia, habíamos conocido a muchas personas que no solo buscaban rentar su propiedad, sino también comprar, vender o invertir en Mérida. Detectamos que existía una oportunidad natural de expandir nuestros servicios y acompañar a nuestros clientes de una manera mucho más integral. Así nació Mérida Living, un proyecto que representa la evolución orgánica de nuestro camino. Más que una extensión, es una nueva etapa en la que combinamos nuestra experiencia en administración con una propuesta sólida dentro del sector inmobiliario. Con Mérida Living, buscamos no solo facilitar transacciones, sino ofrecer asesoría estratégica, basada en conocimiento del mercado, análisis y una comprensión profunda de las necesidades de cada cliente. Nuestra meta con Mérida Living es acompañar a nuestros clientes en todo el proceso: desde encontrar la propiedad ideal hasta asegurar que cada inversión esté bien estructurada y tenga un rendimiento sostenible a largo plazo. Queremos ser ese aliado de confianza que no solo ayuda a tomar decisiones, sino que también permanece presente después de ellas, cuidando cada detalle y construyendo relaciones duraderas.


Fuera del trabajo, me considero una persona sociable, alegre y siempre dispuesta a aprender algo nuevo. Disfruto profundamente conectar con las personas, escuchar sus historias y compartir momentos que enriquecen tanto en lo personal como en lo profesional. Para mí, la convivencia no solo es una forma de pasar el tiempo, sino una manera de entender mejor a quienes me rodean y de construir relaciones auténticas. Me encanta viajar, descubrir culturas distintas y salir de mi zona de confort. Cada lugar al que voy me deja una perspectiva diferente: desde la arquitectura y el diseño de los espacios, hasta las pequeñas costumbres que definen la vida cotidiana de cada comunidad. Observar cómo viven otras personas, cómo reciben a sus invitados y cómo construyen su concepto de hogar ha sido una de las mayores fuentes de inspiración en mi vida. Creo que todas esas experiencias me han enseñado a ver el mundo con una mente más abierta, con mayor sensibilidad y con una curiosidad constante por entender lo que hace único a cada entorno. También me han permitido desarrollar una mayor empatía, que considero fundamental tanto en lo personal como en lo profesional. Todo eso lo llevo conmigo en mi día a día: en la forma en la que me comunico con los clientes, en cómo entiendo sus expectativas y en la manera en la que busco crear experiencias que realmente conecten con ellos. Al final, para mí, el trabajo no está separado de quién soy, sino que es una extensión natural de todo lo que me inspira, me mueve y me apasiona.


Hoy, miro hacia atrás y me llena de orgullo ver hasta dónde hemos llegado. Lo que comenzó como una idea entre dos jóvenes soñadores se ha convertido en un proyecto sólido, estructurado y en constante evolución. Cada etapa ha traído consigo retos importantes, aprendizajes valiosos y momentos que han puesto a prueba nuestra visión, pero también han reafirmado el propósito con el que empezamos. Ver cómo Property Management 23 y Mérida Living han crecido, no solo en operación sino en impacto, es profundamente gratificante. Hemos tenido la oportunidad de trabajar con personas de distintas partes del mundo, de formar un equipo comprometido y de construir una reputación basada en la confianza, la transparencia y la calidad del servicio. Cada cliente, cada propiedad y cada experiencia han sido parte fundamental de este camino. También reconozco que el crecimiento no es un destino, sino un proceso continuo. Siempre hay algo que mejorar, algo que aprender y nuevas formas de innovar. Esa mentalidad es la que nos impulsa a seguir evolucionando, adaptándonos a un mercado dinámico y elevando constantemente nuestros estándares. Tanto en Property Management 23 como en Mérida Living, mi propósito sigue siendo el mismo: crear empresas que generen confianza, que faciliten la vida de las personas y que aporten valor real a quienes confían en nosotros. Busco que cada interacción, cada servicio y cada decisión reflejen ese compromiso. Al final, más allá de los números o los logros, lo que realmente me motiva es saber que estamos contribuyendo a que Mérida sea un lugar aún más acogedor, funcional y atractivo para vivir, invertir y construir nuevas historias.


Todos los sábados dedico parte de mi tiempo a participar en asociaciones que apoyan a niños sin hogar y a personas adultas en situación de vulnerabilidad. Es un espacio muy importante para mí, porque me permite conectar desde un lado más humano y empático con realidades distintas, y recordar lo valioso que es poder aportar, aunque sea con pequeñas acciones. A través de estas experiencias, he fortalecido valores como la solidaridad, la sensibilidad y el compromiso social. Cada sábado es una oportunidad para aprender, escuchar y entender mejor a las personas, lo cual también ha influido mucho en mi forma de ver la vida y de relacionarme con los demás. Para mí, contribuir a la comunidad no es una obligación, sino algo que realmente me nace y me llena. Es una parte esencial de quién soy, algo que me hace sentir bien y que me da perspectiva, tanto en lo personal como en lo profesional.


Mi familia es, sin duda, el pilar más importante de mi vida. Tuve la enorme fortuna de crecer con padres profundamente amorosos, que siempre se esforzaron por darme lo mejor en todos los sentidos. No solo me brindaron una educación sólida e impecable, sino que también me formaron con valores que hoy guían cada una de mis decisiones. Más allá de lo académico, lo que más valoro es el cariño, el apoyo incondicional y la cercanía con la que crecí. En casa aprendí la importancia del respeto, la responsabilidad y, sobre todo, del amor genuino hacia los demás. Ese entorno lleno de afecto me dio seguridad, confianza y una base emocional muy fuerte. Hoy reconozco que gran parte de quién soy viene de ahí. De esos pequeños y grandes momentos compartidos, de las enseñanzas diarias y del ejemplo constante. Todo ese cariño que recibí es algo que procuro reflejar en mi vida, tanto en lo personal como en lo profesional.